Aquí está la cuestión: ver al Liverpool esta temporada se siente como una novela de "elige tu propia aventura", excepto que la mitad de los finales implican un golpe en el estómago. Ves a los Reds desmantelar al LASK 4-0 en la Europa League un jueves, con Darwin Núñez anotando un doblete y el equipo luciendo fluido, dominante. Piensas: "Está bien, esto es todo. Han encontrado su ritmo". Luego llega el domingo, y se olvidan de cómo jugar al fútbol durante 45 minutos, luciendo desarticulados y planos contra un equipo al que, francamente, deberían ganar cómodamente. Es una pesadilla recurrente para cualquiera que siga al club.
Mira, los números no mienten. El Liverpool ocupa el tercer lugar en la tabla de la Premier League con 28 puntos después de 13 partidos, un buen resultado. Pero profundicemos un poco más. Han perdido puntos contra el Luton Town, empatando 1-1 el 5 de noviembre. Necesitaron un gol de último minuto de Núñez para vencer al Nottingham Forest 3-2 en abril, un partido en el que desperdiciaron una ventaja dos veces. La forma en casa en Anfield es formidable, con ocho victorias y dos empates en todas las competiciones, incluida esa emocionante remontada por 4-3 contra el Fulham. ¿Fuera de casa? Es una historia diferente. Han conseguido solo 11 puntos en seis viajes por carretera en la liga, concediendo nueve goles en esos partidos. Eso no es una estadística de un equipo que lucha por el título.
**El carrusel del mediocampo**
Hablando en serio: el mediocampo sigue siendo un trabajo en progreso, a pesar de la renovación de verano. Dominik Szoboszlai y Alexis Mac Allister han mostrado destellos de brillantez –el trallazo de Szoboszlai contra el Aston Villa el 3 de septiembre viene a la mente– pero la consistencia no está ahí como unidad. Mac Allister, a menudo encargado del rol más profundo, a veces parece un poco perdido defensivamente, desubicado mientras los oponentes explotan el espacio frente a la defensa. Contra los Wolves en septiembre, fue sustituido en el descanso después de recibir una tarjeta amarilla, incapaz de contener la marea. Jürgen Klopp sigue experimentando, probando diferentes combinaciones, pero la sala de máquinas a menudo falla, especialmente cuando se enfrenta a una presión agresiva.
Y ahí es donde reside el verdadero enigma del Liverpool. ¿Es el equipo que arrasó al Bournemouth 9-0 en agosto de 2022, o el que perdió 3-0 contra el Brighton en enero? ¿Es el equipo que arrolló al Manchester United 7-0 el pasado marzo, o el que cayó eliminado de la Champions League por un global de 6-2 ante el Real Madrid? Esto no son solo unos cuantos partidos malos; es un patrón de actuaciones de Jekyll y Hyde que ha definido sus últimos 18 meses. Mo Salah sigue siendo una amenaza constante, con 10 goles en 16 apariciones esta temporada, pero ni siquiera su brillantez puede siempre ocultar las grietas de los lapsos colectivos.
La defensa, también, tiene sus momentos. Virgil van Dijk, aunque sigue siendo una presencia imponente, no siempre es el muro impenetrable que solía ser. El equipo ha mantenido solo cuatro porterías a cero en 13 partidos de liga. Compáralo con las seis del Arsenal o las cinco del Manchester City, y verás una clara diferencia en la solidez defensiva. La destreza ofensiva de Trent Alexander-Arnold es innegable, pero su posicionamiento defensivo aún puede ser explotado, un hecho evidente en los momentos caóticos contra los Wolves en la primera mitad de su victoria por 3-1 en septiembre.
Aquí está mi opinión: hasta que Klopp no establezca una pareja de mediocampistas consistente y dominante y la forma fuera de casa mejore drásticamente, el Liverpool no será un serio contendiente al título. Terminarán entre los cuatro primeros, pero el trofeo de la Premier League se les escapará de nuevo.
Mi audaz predicción: el Liverpool aún encontrará la manera de ganar la Carabao Cup esta temporada, simplemente porque sus días "buenos" son demasiado buenos para la mayoría de los oponentes de la copa doméstica.